PaginaCero.cl
Salario Justo from pagina_cero on Vimeo.
Un cortometraje canadiense. Una enseñanza de vida.
El cassete antiguo del grunge
Pasado unos días de la fiesta del grunge, puedo comenzar a bajar las luces, decantar sentimientos y pensar en lo que fue ver a Alice in Chains, Faith no More, Chris Cornell y Pearl Jam en vivo en menos de 5 días.
Hay olores, sabores, nombres o rostros que nos llevan al pasado, a la niñez, a la esquina de la casa antigua, a algún verano. Que te activan la memoria y te quitan segundos para recordar.
Y hay música que te lleva a momentos alojados en la cabeza, a fotografías que poco a poco se velan, se pierden, devoradas por el presente y el futuro. Música que te obliga mirar para atrás, a rememorar qué olías, qué pensabas, cómo vivías cuando esas notas entraron por primera vez en tu cabeza.
Maquinaria fue eso. Fue un cassete de esos antiguos, regrabado dos, tres veces, con un compilado de canciones escogidas, las más selectas que podíamos querer. Uno de 90 minutos, grabado por ambos lados, donde reuníamos a nuestras bandas favoritas.
A pesar de que, personalmente, hubiese sacado a algunas bandas para meter a otras, el hecho de ver a AIC y minutos después a Cornell, y luego a Faith no more, y seguir con Sonic Youth (banda que, reconozco, comienzo a conocer) y terminar con los Stone Temple Pilots, fue lo mismo que tener entre mis manos un viejo cassete con buenas canciones cubiertas del sentimentalismo único de escucharlas en vivo. Y tal como cuando sonaba en mi radio, escucharlas junto a los amigos, pero ahora saltando sobre la tierra, bajo el sol y con el brazo en alto.
Más allá del tema comercial de un festival, Maquinaria me dejó un buen álbum de recuerdos en la cabeza, me revivió las ganas de ponerle play a la buena música y de desempolvar la memoria.
La misma memoria que nos lleva a los recuerdos, la misma que bailó y saltó el miércoles junto a 55 mil personas en un Monumental lleno y contento con Pearl Jam.
El quinteto de Seattle confirmó que vale la pena esperar. El tiempo que sea. Aguardar juntando ganas, canciones, borracheras. Nos enseñó que la fidelidad musical tiene sus compensaciones. Porque qué mejor compensación que haber visto cómo el grunge nuevo o antiguo sigue latiendo y que, nosotros, los hijos de un movimiento inofensivo y potente aún lo cantamos.
Pearl Jam sirvió para saber que nuestros cassetes grabados fueron necesarios para hoy ser emblemas. Que no importa ni el color ni la antigüedad de las poleras, si se han llevado bien puestas. Que todo esto valió la pena para disfrutar unas cuantas horas, aquí o allá, cerca o lejos, da lo mismo, lo importante fue acabar con las ganas, saber que la banda aún vive y convencerse de que somos miles los que ya queremos de vuelta nuestra fiesta grunge.
The BlackBird Guitar
Esta guitarra es la Blackbird Rider Nylon, que a simple vista puede parecer una guitarra clásica con una línea moderna y pintada de negro. Pero no. Lo único que tiene de clásica son las cuerdas. (http://www.revistacartelera.net)
El otro mundo pattoniano
¿Te gusta Faith no more? ¿Mr Bungle? ¿Fantomas? ¿O alguno de los inventos de Mike Patton? Si te gustan y fuiste a Mondo Cane por eso, error fatal.
Sí. Se puede conceder que en cada show, Patton muestra lo que es. Una voz tremendamente versátil, capaz de sacar un grito desgarrador en una milésima de segundo (mucho?). Y lo de anoche en el Teatro Caupolicán no fue la excepción. Patton lo hizo nuevamente. Sacó esa rabia interna que es capaz de calibrar perfectamente y transformarla en una voz impecable. Igual que en Faith no more, igual que Mr. Bungle o Fantomas.
Pero lo de Mondo Cane es mucho más que cualquiera de estas bandas. Porque son tonalidades, sentimientos, completamente diferentes.
Lo que vimos ayer fue una calidad musical digna del Teatro Municipal, una orquestación impecable. Un show completo por donde se le mire. (Salvo los chilenos con falta de atención que gritaban en pleno entremés musical).
Pero en el escenario todo fue correcto y – ojo – que viajar por el mundo presentando música orquestada no debe ser muy fácil. Por lo menos más difícil que tocar con tu grupete de amigotes las canciones que conocen de memoria. Con Mondo Cane, Patton deja en manos de desconocidos de cada país, el éxito de su presentación. Por eso quizás se le vio mucho más atento a la Sinfónica de Santiago que al propio público.
Y Patton escogió bien, porque los músicos de la sinfónica fueron un lujo. Entendieron que el show se trataba de un rockero capaz de crear nostalgia y desorden con canciones italianas del ayer.
Además, cada sector del escenario fue un show propio, desde los violinistas, los bajos, el gordo de las percusiones, el viejo barbón del instrumento especial, las coristas y el pianista. Todos entretenían.
Fue una música exquisitamente adaptada a lo que sonó siempre en nuestros audífonos.
Como punto aparte, el infortunado muchacho que subió al escenario esperando el abrazo de Patton, pero recibió el cariño de los guardias, y la indiferencia de su ídolo. Y los gritos clásicos de las mujeres que aman al cantante de turno.
Lo otro, y que es una sentencia. Si nos cuesta cantar en inglés, definitivamente no cantamos en italiano.
Redondeando. Patton dejó la vara alta en espectáculos orquestados/rockeros. Una gran invitación a otros músicos para diversificar sus rumbos, para envejecer mostrando calidad, para demostrar que son más que frontman, más que un poster pegado en la pared, más que una chapita, que son músicos capaces de crear ambientes totalmente diversos sin perder sus estampas, sus propios sellos, sin engañarse a ellos y sin defraudar al resto.
De por qué Pearl Jam y no Faith no More
Con la avalancha derramada por el suelo y con pocos nombres por confirmar para lo que será el circuito de conciertos rock en tierra capitalina, saco en limpio algunas cosas.
La primera y que es fundamental. No importa la productora, no importa la intención de la banda, no importa el lugar, la fecha ni la calidad musical en vivo, los chilenos estamos SIEMPRE dispuestos a meter la mano en los bolsillos con tal de tener una entrada entre las manos que nos asegure el poder decir “SÍ…YO FUI…ESTUVE AHÍ”.
Lo segundo. Cuando fuimos mucho más jóvenes, fuimos ilusos. Pero ilusos con sentimiento. Creímos que nuestras bandas – esas que perfilaron de alguna manera quienes somos hoy – componían, tocaban y cantaban por la única intención de hacer música.
Creímos que hacían discos por deshago frente a una sociedad, porque no les interesaba nada más que hacer lo que sentían.
Pamplinas. Pasaron cerca de 20 años para que el sentido (olfato) comercial despertara y desde la pieza encerrados con una guitarra pasaran a conciertos de escala mundial repetitivos y mentirosos. Y lo digo apuntando directamente a Faith no more y su casi despedida en Chile. Este país que es tan significativo para la banda y en el cual quisieron terminar su carrera como banda el año pasado.
Pamplinas, nuevamente. Fue más fuerte el dólar que las palabras a Don Corleone.
Y ese hecho es el trampolín perfecto para que se elucubren los más apoteósicos carnavales mediáticos y los festivales “sólo para Chile”. Como botón Lollapalooza que se repetirá en Brasil.
Entendamos, no somos el mejor público de Sudamérica. No somos el país más querido. Somos los que mejor pagan. Que no nos extrañe que las bandas que veíamos en VHs en los 90, nos visiten ahora que nosotros – sus fans – tenemos el poder adquisitivo.
Pero bien, no me quejo de que vengan. Saltando en una pata fui a ver a Cornell la primera vez, a Pearl Jam, a los Stone Temple Pilots, Candlebox, Green Day, Bush y a los mismos Faith no More.
Y lo hice contento porque eran show honestos, sin un aire comercial rondando en las afueras de los estadios. Sin una Maquinaria entera transformada en Festival.
Como se dijo por ahí, si quiere ir al Festival vaya, sino, no wevee. Pero weveo. Porque me niego a ir a ver a Faith no more (a menos que toque Alice in chains o Tool el mismo día, o que me inviten), porque no pagaré otra vez para que me metan el dedo en la boca y me digan que somos el mejor público.
The other side: Pearl Jam. Prometieron no demorarse más de cinco años en regresar. Fueron seis, no cumplieron. Pero por un Do the evolution en vivo por tercera vez es perdonable, y porque ¡qué mierda! son la mejor banda de los 90 que queda. O simplemente porque “quedan” y no se han extinguido frente al limbo musical reinante, la masividad musical 2.0 ni los conciertos con sentimiento inventado para arreglar los bigotes envejecidos. Pearl Jam envejece, pero haciendo música, no inventando conciertos. Esa es la maldita diferencia!!.
Por eso, pago, dos, tres, cuatro veces más…para verlos en vivo y decir “SÍ..YO FUI..ESTUVE AHÍ”.
Mondo Cane / 21 de Septiembre 2011 / Chile
Pronto..pronto… la venta de entradas para los Stone Temple Pilots…
Por mientras..un tentempié
El Johnny Cash que no le habla al público
El 27 de julio, Mark Lanegan, ex vocalista de Sreaming Trees y con apariciones en Mad Season y Queen of the Stone Age, mostró sus últimas canciones en el Cine Arte Normandie. Leer más…








