El cassete antiguo del grunge
Pasado unos días de la fiesta del grunge, puedo comenzar a bajar las luces, decantar sentimientos y pensar en lo que fue ver a Alice in Chains, Faith no More, Chris Cornell y Pearl Jam en vivo en menos de 5 días.
Hay olores, sabores, nombres o rostros que nos llevan al pasado, a la niñez, a la esquina de la casa antigua, a algún verano. Que te activan la memoria y te quitan segundos para recordar.
Y hay música que te lleva a momentos alojados en la cabeza, a fotografías que poco a poco se velan, se pierden, devoradas por el presente y el futuro. Música que te obliga mirar para atrás, a rememorar qué olías, qué pensabas, cómo vivías cuando esas notas entraron por primera vez en tu cabeza.
Maquinaria fue eso. Fue un cassete de esos antiguos, regrabado dos, tres veces, con un compilado de canciones escogidas, las más selectas que podíamos querer. Uno de 90 minutos, grabado por ambos lados, donde reuníamos a nuestras bandas favoritas.
A pesar de que, personalmente, hubiese sacado a algunas bandas para meter a otras, el hecho de ver a AIC y minutos después a Cornell, y luego a Faith no more, y seguir con Sonic Youth (banda que, reconozco, comienzo a conocer) y terminar con los Stone Temple Pilots, fue lo mismo que tener entre mis manos un viejo cassete con buenas canciones cubiertas del sentimentalismo único de escucharlas en vivo. Y tal como cuando sonaba en mi radio, escucharlas junto a los amigos, pero ahora saltando sobre la tierra, bajo el sol y con el brazo en alto.
Más allá del tema comercial de un festival, Maquinaria me dejó un buen álbum de recuerdos en la cabeza, me revivió las ganas de ponerle play a la buena música y de desempolvar la memoria.
La misma memoria que nos lleva a los recuerdos, la misma que bailó y saltó el miércoles junto a 55 mil personas en un Monumental lleno y contento con Pearl Jam.
El quinteto de Seattle confirmó que vale la pena esperar. El tiempo que sea. Aguardar juntando ganas, canciones, borracheras. Nos enseñó que la fidelidad musical tiene sus compensaciones. Porque qué mejor compensación que haber visto cómo el grunge nuevo o antiguo sigue latiendo y que, nosotros, los hijos de un movimiento inofensivo y potente aún lo cantamos.
Pearl Jam sirvió para saber que nuestros cassetes grabados fueron necesarios para hoy ser emblemas. Que no importa ni el color ni la antigüedad de las poleras, si se han llevado bien puestas. Que todo esto valió la pena para disfrutar unas cuantas horas, aquí o allá, cerca o lejos, da lo mismo, lo importante fue acabar con las ganas, saber que la banda aún vive y convencerse de que somos miles los que ya queremos de vuelta nuestra fiesta grunge.





“Y hay música que te lleva a momentos alojados en la cabeza, a fotografías que poco a poco se velan, se pierden, devoradas por el presente y el futuro. Música que te obliga mirar para atrás, a rememorar qué olías, qué pensabas, cómo vivías cuando esas notas entraron por primera vez en tu cabeza.”
Notable panchulo!!!!